Que se lo pregunten a cualquier entendido en publicidad: el sexo vende, y no solo en el sentido comercial, sino en cualquier otro ámbito, incluso en el etimológico. Circula una etimología popular que asegura que la etimología de «testigo» (y cualquier derivado como «testamento») proviene de la costumbre que tenían los romanos de apretarse los testículos con la mano cuando juraban decir la verdad.
Incluso Corominas en su Breve diccionario etimológico de la lengua castellana parece caer en este error. Aunque esta etimología de «testigo» tiene ciertos visos de verosimilitud, además de contar con el plus sexual, es falsa.
La verdadera etimología de «testigo»
La verdadera etimología tiene mucho menos de anecdótica y, podríamos decir, viene a aguarnos la pudenda fiesta; pero, lector, para eso estamos aquí.
Nunca está de más acudir al DLE en primera instancia para intentar averiguar la etimología de una palabra; en este caso, no ayuda grandemente, pero no hay que culpar al diccionario académico, ya que no se trata de un diccionario etimológico.

Más contenidos exclusivos, ¡gratis!
¿Te apasionan las lenguas? ¿Su historia y evolución?
Envío un boletín diario con enlaces y recursos de lenguas. También te cuento mi vida de filólogo y lingüista.
No es el típico boletín aburrido que borras sin abrir porque te da pereza buscar el enlace para desuscribirte. Es gratis.
Valiéndonos del indoeuropeo y otras lenguas itálicas
Nuestra segunda opción es acudir al excelente Online Etymology Dictionary, en cuya entrada «testament» encontramos ya la verdad. En resumen (y traducido al español): el latín testis ‘testigo’ se forma sobre un supuesto indoeuropeo *tri‑st‑i‑, es decir, las raíces de tres, tria ‘tres’ y de stare ‘estar (de pie)’; por tanto, la idea tras el compuesto es que el testigo es la tercera persona presente en una situación entre otras dos personas.
También el Dictionnaire étymologique de la langue Latine de Ernout-Meillet sigue esta línea y, como suele, profundiza más. Los cognados oscos trstus (= latín testes) ‘testigo’ y tristaamentud (= latín testamento [ablativo]) vendrían a corroborar esta etimología, ya que conservan esa [ɾ] que el latín perdió, aunque sí que muy antiguamente se habría pronunciado [tɾistaˈmentum]. La evolución del latín habría sido, pues, algo como *tristis > *terstis (metátesis de la [ɾ]) > testis (desaparición de [ɾ] ante [s], frecuente en latín).
Posibles interferencias en las fuentes
Aclaran asimismo Ernout y Meillet que Plauto hace juegos de palabras entre testes, testium ‘testículos’ y testis, testis ‘testigo’, lo que quizá dé pie a la etimología popular de la que hemos ya hablado; pero, al fin y al cabo, Plauto no era más que un comediógrafo que utilizaba este tipo de recursos con frecuencia sin más propósito que el de arrancar unas carcajadas por su procacidad. En cualquier caso, como añaden en Online Etymology Dictionary, las historias que conectan ambas palabras son relativamente modernas y sin base alguna.
🚯 Elimina la publicidad con un único pago para siempre
Por último, hay que tener en cuenta que, hasta la fecha y hasta donde yo sé, no hay fuentes escritas ni artísticas antiguas (por ende las más fiables en este respecto) que den testimonio de la conexión entre los testigos y los testículos.
¡Por cierto! Puedes seguir aprendiendo y disfrutando en mi boletín diario: cada día envío un correo donde comparto artículos, recursos, vídeos, pensamientos y reflexiones, todo relacionado con la filología, la lingüística... en fin, todo eso que nos gusta a ti y a mí. Es gratis, pero solo para auténticos linguófilos.

Nos puedes encontrar también en
YOUTUBE: delcastellano.com/youtube
FACEBOOK: facebook.com/delcastellano
TWITTER: @delcastellano
INSTAGRAM: instagram.com/delcastellano